8. De refugiados a emigrantes

“Fue en España donde aprendimos que se puede tener razón y aun así perder, que la fuerza puede vencer al espíritu y que hay veces en que el valor no es recompensado”.

Albert Camus

“Cuando estás en guerra, no puedes admitir que la guerra está perdida: así es como admites que has sido derrotado. Aquel que, siendo derrotado, se niega a admitirlo y sigue luchando, acabará ganando todas sus batallas. A menos, claro, que lo maten, lo agoten, lo despojen de sus armas o lo traicionen. Y todo eso es exactamente lo que les pasó a los españoles”.

Ernest Hemingway

 

FRAGMENTO 8. DE REFUGIADOS A EMIGRANTES. Parte 1

CARMEN DE LOS LLANOS

“Recuerdo 1939 como un año increíblemente largo y lleno de color. Recuerdo que comenzó con la instalación de un árbol de verdad, decorado, en el vestíbulo del Hotel Angleterre; y la aparición de Papá Noel con una bolsa de regalos en compañía de la Doncella de la Nieve. Era el primer año nuevo en la URSS. Pero mi hermano cayó enfermo con dolor de garganta y fiebre alta. Incluso fue ingresado en la enfermería. No obstante, la dependencia -pasábamos la cuarentena en un hotel tras la llegada a Leningrado- estaba separada del pasillo por puertas herméticas con ventana de cristal.

Sólo los médicos y las cariñosas enfermeras tenían acceso. Acerqué una silla a la puerta, subí, vi tras el cristal una habitación blanca para seis personas y a mi hermano en la cama. La experiencia nos decía que la cosa iba mal: en España, sólo se ingresaba a una persona cuando estaba a punto de morir y, por lo general, las enfermedades se pasaban en casa. Así que cuando se llevaron a mi hermano, la mirada que tenía era de “¿me estoy muriendo…?”. Yo también estaba preocupada por mi otro hermano: al pequeño Carlos le habían anunciado el traslado a un sanatorio inmediatamente después de la cuarentena, y ahora Virgilio también estaba enfermo…

En el luminoso vestíbulo del hotel había música, y toda mi vida recordé la letra de la canción rusa: “Yolka, yolka, aguja verde”. Así que 1939, en mi mente, aparece asociado a una ansiedad interior mezclada con la alegría de otras personas. Yo no tenía motivos para cantar y estar contenta. No tenía noticias de mi padre en el frente, ni de mi madre, dondequiera que estuviese. No obstante, por las noches, en el dormitorio, mis nuevas amigas escribían cartas a casa. Los profesores nos aseguraban que volveríamos al cabo de un año y nuestros familiares, mientras tanto, tenían que recibir respuestas a su inquietud por nuestra alimentación, ocio, estudios… Ese había sido el trato cuando nos fuimos.

Escribí varias cartas a la tía Isabel, en Valencia, tratando de no alterarla con mis penas. Pregunté por la suerte de mis parientes y por los acontecimientos del frente, pero nadie nos hablaba mucho de ello (probablemente para no inquietarnos).

Años más tarde supimos que nuestras cartas rara vez llegaban a sus destinatarios. Primero eran leídas por los censores soviéticos, después por el régimen franquista. Dicen que algunas cartas llevaban incluso las marcas de un censor, que tachaba palabras y frases, e incluso aconsejaba suprimir párrafos en anotaciones al margen… Las cartas confiscadas por el aparato franquista contribuyeron a la represión de los destinatarios y al desconocimiento de la situación de los niños en la URSS.

Así que nos instalamos en el mismo centro de Leningrado, junto al monasterio de Alexander Nevsky, en la famosa avenida entonces llamada “25 de Octubre”, pero que todos llamábamos “Nevski”. El edificio de la Casa 9 había sido construido para el Instituto de los Pueblos del Extremo Norte, y allí arribaron los asturianos y vascos de las primeras expediciones, en 1937. Los de la Casa 9 éramos más de doscientos. Se dispuso un huerto en el patio, se sembraron los bancales y la cosecha se destinó al comedor. En el sótano de la escuela teníamos un zoológico de mascotas: conejos, faisanes, aves de corral. Los sacábamos a pasear por el patio. (Con el comienzo de la guerra, el edificio albergó primeramente el cuartel general de la milicia popular del distrito de Smolninsky, y después un hospital militar).

En total, hubo más de 15 Casas de Niños españoles en la URSS, entre Rusia y Ucrania. 

La noticia de la derrota de la República fue un golpe brutal para los españoles en la URSS. Durante todos esos meses nos habían dicho: “¡El año que viene en Madrid!”.

Sonaba como un titular en el boletín oficial del frente, pero también como una promesa. Con ella las familias españolas consolaban a sus hijos y confiaban en su propio regreso. Sin embargo, las noticias del mundo empujaban la esperanza a un rincón escondido del alma.

Recuerdo que alguien dijo aquel día de abril: ¿victoria de Franco o muerte de la República?

Lo primero que pensé fue en mi padre. ¿Dónde estaba?, ¿habría conseguido salir de territorio español, ahora territorio enemigo y dominio de Franco?

***

MARÍA DE LOS LLANOS

La derrota de la República supuso un golpe para millones de personas en todo el mundo. Hay que recordar lo que era España para la gente entre 1936 y 1939.

“He pensado ahora por qué, al comenzar a describir los años de la guerra española, me siento ansioso, a menudo con aversión a las hojas del manuscrito… es como si todo estuviera vivo hoy. Aunque haya pasado un cuarto de siglo y vivido una guerra peor. Recuerdo muchas cosas con serenidad, pero pienso en España con una inquietud supersticiosa, con nostalgia…

En la Europa de los años treinta… era difícil respirar. El fascismo avanzaba, y avanzaba impunemente. Cada Estado -de hecho cada individuo- soñaba con salvarse él solo, con salvarse a cualquier precio, callando y pagando. <…> Y luego estaban las personas que decidieron luchar. No se salvaron a sí mismos, ni salvaron a Europa, pero la gente de mi generación que interiorizó el concepto de “dignidad humana”, lo hizo gracias a España. Estaba en el aire, se respiraba”.  [1]

Los periódicos publicaron la sentencia de Albert Einstein: “Defender a España es asunto de toda la humanidad”. En una carta abierta a Ludwig Rennes, el eminente físico equipara la participación del escritor alemán en las Brigadas Internacionales con una lucha por la libertad de pensamiento. Einstein dice: si hubiera suficientes personas como Rennes en el mundo, la revuelta y la agresión italo-alemana contra el pueblo soberano de España no habrían tenido lugar. El fascismo sólo existe por la cobardía de quienes, percibiendo su amenaza, sucumben ante él”.

 

A finales de diciembre de 1936, Eric Arthur Blair, que sería autor de las conocidas obras “Rebelión en la granja” y “1984” bajo el seudónimo de George Orwell, llegó a suelo español:

“Llegué a España con vagos planes de escribir correspondencia periodística, pero casi inmediatamente me alisté en el ejército, pues en aquel contexto tal decisión me pareció la única correcta…

Para un hombre que llegaba directamente desde Inglaterra, Barcelona resultaba una ciudad inusual y emocionante. Por primera vez estaba en un ligar donde el poder había pasado a manos de los trabajadores…

Lo más importante era la creencia en la Revolución y en el futuro, la sensación de un salto repentino hacia una era de igualdad y libertad. Uno intentaba comportarse como un ser humano y no como un engranaje de la máquina capitalista. Las barberías exhibían carteles anarquistas (los peluqueros lo eran en su mayoría), proclamando solemnemente que los barberos ya no eran esclavos. Carteles multicolores en las calles pedían a las prostitutas que dejaran de ejercer su oficio. Para la sofisticada e irónica civilización del mundo anglosajón, la verbalización con que los idealistas españoles materializaban la tópica fraseología revolucionaria resultaba entrañable“[2].

En medio de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, Orwell escribió un ensayo, “Recordando la guerra en España”.

Arthur Köstler [3], entonces comunista, llegó a España como corresponsal del periódico de izquierdas The News Chronicle. En 1937 se publicó en Moscú su libro “Víctimas sin parangón” sobre las atrocidades de los franquistas. En 1938, la revista International Literature informó de la publicación en París del “Testamento español” de A. Köstler (1937).

Tres cuartas partes de las personas que conocí hasta los treinta años murieron en España, fueron acosadas por perros en Dachau, enviadas a la cámara de gas de Belsen, deportadas a Rusia y liquidadas allí, arrojadas por las ventanas a las aceras de Viena y Budapest, asfixiadas por la miseria sin sentido de toda una vida de emigración.”

(En la Unión Soviética, donde Koestler llegó como corresponsal de BC am Mittag, la tragedia de la colectivización había alcanzado su punto culminante. En medio de las estaciones ucranianas, Koestler vio morir a niños, en las calles de Khárkov se recogían los cadáveres de los que habían muerto de hambre. Todos tenían miedo no sólo de hablar, sino de pensar libremente. Los héroes del plan quinquenal de ayer eran los enemigos del pueblo de mañana. El “Gran Terror” cobraba fuerza, y una de las víctimas fue la mujer de la que Koestler se enamoró…

A mediados de los años 30, la situación en que se encontraba este buscador de absolutos era prácticamente desesperada. El fascismo había ganado en Alemania, los pogromos estaban en marcha y el camino de vuelta cortado. El paraíso soviético se había convertido en una pesadilla, pero había que callar para no firmar la quiebra de la propia ideología.)

Lo que salvó a Köstler fue España. Fue allí a escribir informes desde el frente, fue capturado por los franquistas en la retirada de los republicanos y condenado a muerte. Fue rescatado de la cárcel de Málaga por una campaña europea encabezada por periodistas democráticos. Luego estuvo en un campo de refugiados en Francia, donde comenzó a escribir “Oscuridad cegadora”.

El escritor André Malraux calificó la guerra española como “las grandes maniobras sangrientas” del fascismo. En 1936-37, el futuro ministro de Cultura del gobierno de De Gaulle, A. Malraux, comandó un escuadrón de voluntarios republicanos y posteriormente combatió en la Resistencia francesa. Los ideales de fraternidad republicana alimentaban el movimiento. Sobre el final de la República, escribió: “hay derrotas que, con el tiempo, demuestran que el pueblo no ha perdido, que valía la pena vivir.”

En Estados Unidos, en reuniones con intelectuales americanos en apoyo de la República, Malraux hablaba del gran respeto de los españoles por sus escritores: “Vi al poeta Rafael Alberti leer sus poemas a doscientos mil campesinos en la arena, lo escuchaban con la respiración contenida. Vi a un anarquista que quería quemar la iglesia donde está enterrado Cervantes, detenido por un camarada que le mostró el nombre en la lápida; entonces el anarquista dibujó con carbón una flecha apuntando al crucifijo: “Tienes suerte, él te ha salvado. Él… era Cervantes”.

 Saint-Exupéry, Aragon, Éluard, Auden, Cornford, Spender, Dos Passos, Dreiser, Koltsov, Ehrenburg, Neruda…

Charles Donnelly, poeta y activista republicano irlandés еntró en España el 7 de enero de1937 [4]. Tenía 22 años. En Albacete se encontró con el contingente irlandés, dirigido por su amigo periodista Frank Ryan y conocido como la Columna Connolly. Donnelly y sus camaradas integraron la Brigada XV junto con el norteamericano Batallón Lincoln.

El 15 de febrero de 1937, después de recibir una formación militar rudimentaria, el Batallón Abraham Lincoln y la Columna Connolly, de la XV Brigada, tuvieron su bautismo de fuego en la batalla del Jarama, cerca de Madrid. A Donnelly lo habían nombrado comandante de la compañía. El 27 de febrero, su unidad fue enviada al asalto de las posiciones franquistas en el cerro denominado El Pingarrón. Donnelly y su unidad estuvieron bajo el fuego de ametralladora todo el día, con enormes bajas. Al anochecer, los franquistas iniciaron el contraataque. Un veterano canadiense recordaba:

… corrimos para cubrirnos y Charlie Donnelly, el comandante irlandés se cubrió detrás de un olivo. Cogió un puñado de aceitunas del suelo y las exprimió. Le sentí decir lacónicamente, en un respiro del fuego: Even the olivas are bleeding (“Hasta las olivas sangran”).

Unos minutos más tarde, mientras la unidad se retiraba, Donnelly era abatido por los disparos de las ametralladoras. Murió de inmediato. Su cuerpo quedó en el campo de batalla hasta que fue recobrado por el brigadista irlandés, amigo suyo, Peter O’Connor, el 10 de marzo. Fue enterrado en el valle del Jarama en una tumba colectiva con otros compatriotas.

Ernest Hemingway se involucró en los conflictos españoles al principio de la rebelión. Hizo una colecta entre amigos y donó 40.000 dólares (aunque la mayor parte la aportó él mismo) para ayudar a los combatientes republicanos. El periódico Alliance of North America pronto le ofreció un viaje a España como corresponsal de primera línea. Hemingway no se limitó a enviar informes desde distintos puntos del frente, sino que colaboraba en la formación militar del ejército popular y participaba en el combate cuando era necesario.

En el primer reportaje, el escritor informó de la llegada de 88.000 soldados italianos y de 16.000 a 20.000 soldados alemanes para ayudar a los rebeldes, “mientras el Departamento de Estado de EE.UU. sigue reclamando una estricta política de no injerencia…”. Hoy mismo están desembarcando doce mil italianos más en los puertos de Málaga y Cádiz”.

Hemingway, con la experiencia de la Primera Guerra Mundial en su haber, dice en su novela ¡Adiós a las armas!:

El escritor no puede permanecer indiferente ante el incesante crimen descarado, asesino e inmundo que representa la guerra.” (Prefacio de la edición de 1948)

– No hay nada que dé más miedo que la guerra. Nosotros, aquí en las unidades sanitarias, ni siquiera podemos entender lo terrible que es la guerra. Y los que sí entienden el miedo que genera, no pueden parar porque se vuelven locos…

– Sé que la guerra es algo terrible, pero debemos llegar hasta el final.

– No hay final. La guerra no tiene fin.

– No, hay un final.

– No se gana una guerra ganando… El que gana una guerra nunca dejará de luchar… La derrota nos hace cristianos”.

Hemingway, a quien pertenece el libro quizá más conmovedor sobre la guerra española, Por quién doblan las campanas, señaló los nuevos métodos de guerra ensayados en España: “Los estados fascistas totalitarios creen en la guerra total. Esto, sencillamente, significa que por cada derrota que sufren por parte de las fuerzas armadas, toman represalias sobre la población civil.”

Robert Jordan, el héroe de la novela, de acuerdo con recientes investigaciones literarias, es el heterónimo de un hombre real, el brigadista Robert Merriman, uno de los soldados más valientes del batallón estadounidense Abraham Lincoln. Hemingway coincidió con él muchas veces en el frente; el escritor también conocía bien a un experto militar que respondía al seudónimo de Ksanti: el osetio Khajiumar Mámsurov. Se cree que la imagen de Jordan también está impregnada de los rasgos del espía soviético.

Como epígrafe de la novela, el escritor eligió unas simbólicas palabras del poeta metafísico John Donne (1572-1631), del sermón Una apelación a Dios en la hora de la necesidad y la calamidad:

“No hay ningún hombre que sea una isla en sí mismo, cada hombre que vive es parte de una mayor, parte de un continente; y si el mar se lleva un trozo del acantilado en la costa, hay menos Europa hasta el cabo, hasta la casa de los amigos, hasta tu propia casa; la muerte de cada hombre me disminuye también a mí, porque soy uno con toda la humanidad; por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.”

El 1 de abril de 1938, el periódico soviético Pravda publica el artículo de Hemingway “¡La humanidad no los perdonará!”, que describe la destrucción y la muerte en ciudades y pueblos de España, bombardeados por escuadrones aéreos italianos y alemanes, y por la artillería franquista.

… En aquellos años, a Anna Ajmátova [5] no se le permitía trabajar, sus poemas no se publicaban. Sólo en contadas ocasiones consiguió publicar traducciones de otros poetas de las repúblicas soviéticas. En 1936 tradujo del armenio dos poemas de Yeghishe Charents y donó la mitad de los honorarios al fondo de ayuda a los niños españoles. Ajmátova apenas tenía nada para compartir, pero incluso en la precariedad más absoluta, expresaba su simpatía hacia los desafortunados. Las penas de los españoles despertaron el recuerdo de las experiencias de la Guerra Civil rusa y fueron un presagio de los sangrientos acontecimientos que amenazaban a Europa.

… En diciembre de 1936, según los recuerdos de su esposa, Nikolai Ostrovsky [6] era consciente de que su vida estaba llegando a su fin. En España, los franquistas habían sitiado la capital. La aviación italiana y la Legión Cóndor realizaban incursiones en barrios y hospitales.

El 15 de diciembre, tras un devastador -el último- ataque, el autor de “Cómo se templó el acero” llamó a la redacción de periódico Komsomolskaya Pravda y preguntó:

– ¿Resiste Madrid?

Cuando se enteró de que la ciudad estaba resistiendo los ataques de los sublevados, dijo fascinado:

– ¡Bien hecho, chicos! Así que yo también tengo que aguantar.

Se comparó a sí mismo con un Madrid asediado. Fascistas y muerte son sinónimos.

Había que resistir…

… En París, Marina Tsvetaeva [7], siempre indiferente a los periódicos, los abre ahora cada día con inquietud: los alemanes amenazan Bohemia, los alemanes han cruzado la frontera de Bohemia, los alemanes están en Praga. En su querida Praga…

POEMAS A CHEQUIA

¡Oh, lágrimas en los ojos!

¡Oh, gritos de ira y de amor!

¡Oh, Bohemia en lágrimas!

¡Oh, España ensangrentada!

 

Oh, montaña negra,

¡Oh, montaña negra que oscurece el mundo entero!

Es la hora – es la hora – es la hora

Es hora de devolverle al Creador el billete de entrada.[8]

 

Me niego a ser – a ser.

En el Bedlam de los no humanos.

Me niego a vivir.

Con los lobos de las plazas

 

Me niego a aullar.

Con los tiburones de las llanuras

Me niego a nadar

Por la corriente de espinas dorsales.

No necesito los agujeros

De oidos, ni ojos visionarios.

A tu mundo loco

Una sola respuesta – no.

15 de marzo – 11 de mayo de 1939

 

Pablo Neruda, cónsul de Chile en Barcelona y posteriormente en Madrid, tituló su libro, escrito en los primeros meses de la guerra civil, España en el corazón.

Después de la guerra se preocupó por la terrible situación del más de medio millón de refugiados españoles en los campos de concentración de Francia.

Estos campamentos se establecieron apresuradamente a lo largo de la frontera. A veces se alojaba a la gente en barracas, pero a menudo al aire libre. No había agua corriente y las instalaciones de higiene eran mínimas. La gente estaba hambrienta, las enfermedades abundaban en los campos y no había ropa de abrigo. La tasa de mortalidad era alta.

Pablo Neruda consiguió el apoyo del presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerda, líder del Frente Popular, y organizó el viaje de un gran grupo de refugiados republicanos a Chile en el Winnipeg. El viejo barco francés no estaba diseñado para transportar más de 20 personas, pero en el verano de 1939, el Winnipeg fue reacondicionado por los trabajadores franceses de los astilleros de El Havre en solidaridad con los hermanos españoles y pudo transportar a unas 2500 personas. Neruda también movilizó las organizaciones de solidaridad de Argentina y Uruguay para apoyar el viaje.

 En la mañana del 4 de agosto de 1939, el Winnipeg zarpó del atracadero del puerto de Pauillac en Francia. La noche anterior, Pablo Neruda escribía:

“Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.»

Pablo Neruda, Trompeloup, 4 de agosto de 1939.

El viaje duró un mes, y durante los últimos días el barco se desplazaba de noche, bordeando la costa, por temor a los ataques de los submarinos alemanes. Algunos de los hombres desembarcaron en el puerto de Arica y, en la noche del 2 de septiembre de 1939, el barco ancló en el puerto de Valparaíso. A la mañana siguiente, los refugiados españoles desembarcaron y fueron recibidos por las autoridades. El ministro de Salud chileno, Dr. Salvador Allende, dispuso que se administraran vacunas a los recién llegados.

***

En la costa mediterránea, en el paseo marítimo de Benicàssim, han erigido un monumento. El mármol lleva inscripciones en español, catalán, inglés, alemán, francés, ruso, italiano y húngaro:

En recuerdo de las brigadas internacionales, mujeres y hombres solidarios con el pueblo español que acudieron a defender sus derechos y libertades. Aquí, en estas playas, donde curaron sus heridas para prepararse para futuras batallas, sus corazones permanecen para siempre. Una profunda reverencia y gratitud para ellos de nuestra parte. Los que vivimos 80 años después.

Benicàssim

24-10-2016

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FRAGMENTO 8. DE REFUGIADOS A EMIGRANTES. Parte 2

 

De acuerdo con el historiador Ramón Salaz Larrazábal, durante el conflicto mueren en España 138.030 niños más que en tiempos de paz, y se deja sin nacer a 557.185 más. Si comparamos ambas cifras con los 275.000 adultos que murieron, comprobamos lo mucho que sufrió la generación de los “niños de la guerra”.

Con la instauración del régimen franquista, los niños comenzaron a ser repatriados de muchos países, excepto de México y la URSS. Ambos estados no reconocían el gobierno de Franco.

La cuestión de la repatriación fue, y sigue siendo, controvertida: el régimen franquista utilizó a los niños para represaliar a sus familiares republicanos, y miles de familias fueron recluidas en campos de concentración franceses (“camps de concentration”, “camps d’accueil” y “camps d’internement“). (La prensa francesa evitaba referirse a los campos para españoles como “campos de concentración”, por las connotaciones nazis). Hoy sabemos de numerosos casos en que niños adoptados por belgas y franceses fueron separados por la fuerza de sus familias adoptivas por agentes franquistas.

El sociólogo Pedro García Bilbao afirma: “Para muchos niños la situación volvió a ser traumática pues no tenían a dónde volver: sus padres estaban muertos o encarcelados. Además, en España la guerra no terminó con la paz. Terminó con la victoria de una de las partes del conflicto.”

He aquí uno, anónimo, de los muchos documentos de archivo sobre el destino de los “niños de la guerra”. “A mis hermanos y a mí nos devolvieron de Inglaterra, de la casa de acogida, a nuestros padres, que acabaron en un campo de concentración francés. Ya lo decía yo: “No quiero estar aquí”, me puse enferma. Pasaba mucha hambre en Francia. Estaba flaca. La situación era muy mala para nosotros. Antes, en España, mi padre siempre traía comida a casa, pero aquí no, la cosa iba muy, muy mal. Nos trajeron de vuelta con mi hermano y mi hermana, y hablábamos en inglés entre nosotros. La pobre madre no nos entendía. Entonces yo hablaba un buen inglés. Ahora ya no. Por supuesto, ¡había una necesidad imperiosa de aprender francés!”

Seis meses después de la derrota de la República, en otoño de 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial y Europa se vio desbordada por nuevas olas de refugiados.

Para los españoles “soviéticos”, el regreso a la patria se pospuso indefinidamente. Anteriormente, el regreso – tras la esperada victoria de la República – se concebía como contribución a la construcción de un país renovado, a imagen y semejanza de la Unión Soviética; para eso se les brindaban unas oportunidades de estudio de las que los niños, de familias humildes en España, se habrían visto privados.

Hasta la fecha, las investigaciones han demostrado que el trauma principal fue la separación de los padres, de su familia, así como la obligación de crecer y convertirse en adultos prematuramente. Todo ello tuvo un impacto mucho mayor en su desarrollo que los bombardeos o incluso que las muertes presenciadas…

La falta de contacto con los seres queridos acentuó el sentimiento de soledad.

Pilar Giménez dice: “No recibíamos ninguna carta. Contábamos historias sobre nuestros parientes, fantaseábamos, mirábamos al cielo y decíamos: “Mamá me está mirando desde esa estrella de allí…”.

 

CARMEN DE LOS LLANOS:

Sabíamos que medio millón de combatientes republicanos, con esposas, hijos y mayores, estaban llegando a Francia, donde después de la “clasificación” eran enviados a campos de acogida.

A mis hermanos y a mí nos habían dicho que nuestro padre estaba en un campo de concentración en Argelia, entonces colonia francesa. Papá se ocupó de embarcar combatientes en los buques y barcos de la República en el puerto de Cartagena, los últimos en salir de España. Fue encarcelado en Orán y trasladado después al interior del país, donde fue recluido en barracas cercadas por alambre de púas, en el antiguo campo de Suzzoni en Bogar, Argelia. Los compañeros de mi padre decían que no iban a parar hasta “rescatarlo” del campo de concentración…

Siempre estuve orgullosа de mi padre. Era un hombre extraordinariamente valiente, siempre en primera línea, enfrentándose al peligro. Recuerdo sus palabras: “Los comisarios son los primeros en avanzar y los últimos en retroceder“. Durante los días en que no conocíamos aún el resultado de los últimos combates y temíamos por la vida de nuestro padre, pensé mucho en él y escribí un poema titulado “A los comisarios”.

A LOS COMISARIOS

¡Comisarios! ¡Españoles!

Yo os saludo camaradas.

Yo, una compañera vuestra

Que muy lejos de mi Patria

Sigo de cerca la batalla,

Yo desde lejos os sigo

Y mi corazón me manda.

¡Estudia, estudia, trabaja!

No llores y desesperes.

Que esta tierra lejana,

Tu Patria, tu hogar, tu amor,

Te esperan pronto y con ansia,

Para empezar con coraje,

A arreglar la Patria amada.

¡Viva España Comisarios!

¡Viva España Camaradas!

España Libre y hermosa,

España Republicana.

Hacia el verano, mi padre tuvo que elegir entre México, el principal destino de los políticos e intelectuales españoles emigrados, o la URSS. Papá eligió la Unión Soviética. En nuestros archivos familiares hay una carta que mi padre recibió de un amigo: “Espero que ya hayas rellenado una solicitud para emigrar a México o a otro lugar. El personal militar, como sabes, va a otro país, al que quizás te interese ir también. En ese caso tendrías muchos amigos allí…”

 El “otro país” era la Unión Soviética, donde ya vivíamos nosotros, en la Casa de niños Nº 9 de Leningrado… 

Fue una época extraña, inquietante, pero también maravillosa. Cumplí 15 años. Me fascinó esta -mi primera- primavera en Rusia. Qué impresión poderosa, la del hielo resquebrajándose en el Neva, seguido por el verde emergente de los parques. Uno de esos días nos llevaron de excursión a Peterhof.

El luminoso día de primavera y el esplendor de los jardines y palacios de Peterhof quedarán en mi memoria para el resto de mi vida. La abundancia de fuentes, los chorros chispeantes por doquier -que caen en cascada desde el palacio y desde los “shutsikhis” (surtidores) escondidos en la hierba- me fascinaron. De una manera misteriosa, el gorgoteo del agua resultaba calmante, reconfortaba. Décadas después, en Granada, rememoré las fuentes de Peterhof en los jardines del Generalife. Allí, a la sombra poderosa de los laureles, el agua que se derrama escalones abajo, en su murmullo, conecta el oído con el alma.

Los periódicos Soviéticos escribían constantemente sobre nuestra vida.

“Los niños de este internado español asisten a la escuela nº 5 del distrito de Smolninsky, situada en la esquina de la calle Tverskaya con la calle Krasnaya Konnitsa.

Los pioneros de Leningrado, cantando “si mañana hay guerra, si mañana nos vemos en campaña…”, los tratan con interés y simpatía. En la URSS, las autoridades responsables son muy conscientes de las dificultades de estos niños que no hablan el idioma y que en su mayoría están alejados de sus padres; y además viven en un clima que es duro. De ahí el esfuerzo por crear condiciones de vida favorables para ellos.”

El año escolar había terminado. Tradicionalmente, en verano, las Casas de Niños salían de vacaciones fuera de la ciudad. Así fue como nos instalamos por primera vez en los maravillosos bosques que rodean la ciudad de Luga, al sur de Leningrado. Los mayores alojados en tiendas de campaña, los más jóvenes en dormitorios, como en la ciudad.

Nos despertaba el sonido de una corneta. Se izaban dos banderas: la republicana española y la soviética. Por la noche, las banderas descendían solemnemente por el mástil, acompañadas de una orquesta.

Un profesor de botánica nos acompañaba en los paseos de primer día por los bosques de los alrededores, explicándonos cómo recoger bayas y hierbas. El baño en el río estaba organizado y supervisado. El primer día no se nos permitió estar en el agua más de cinco minutos.

Las sesiones de sol estaban planificadas con el mismo rigor: cinco minutos de espalda, cinco minutos de frente y cinco minutos de cada lado. Un silbido indicaba la orden de cambiar la posición del cuerpo.

Nos daba la risa, pero a la vez nos dábamos cuenta del cuidado que tenían para que no nos quemáramos, ¡y eso a pesar del pálido sol del norte que se recibe aquí!

Cada semana, alguno de los chicos organizaba una escapada a la patria. Por mar. Se planificaba sobre el mapa en dirección a la cercana Estonia, república independiente entonces.

El día de la fuga, normalmente después del desayuno, los cómplices se dirigen a la estación. Sin hablar ruso, resultaba difícil identificar el tren que iba en la dirección correcta. Si un fugitivo abría la boca y preguntaba a alguien, en un ruso incorrecto, sobre el horario del tren, era inmediatamente “identificado” y devuelto al campo con la ayuda de un amable policía…

A mediados de verano, el director nos convocó a mis hermanos y a mí para darnos una buena noticia. Pronto llegaría a nuestro campamento un grupo de oficiales del ejército republicano, liberados del campamento en Argelia. Nuestro padre estaba entre ellos.

Para la recepción de los héroes del ejército republicano nos alineamos en perfecta formación. La orquesta tocaba marchas militares.

Apareció el primer coche de invitados y comenzamos a desfilar hacia el estrado con los puños cerrados del saludo antifascista.

¿Pero qué pasa? Esperábamos al legendario comandante Lister, al general Cordón, a Felipe Pretel, el Comisario General del Ejército Republicano, y al Comisario general del Frente de Oeste, nuestro padre… Sin embargo había solamente cuatro hombres de paisano, sentados en el estrado…

Mi hermano menor, Carlos, confesó más tarde que no reconocía a papá sin el uniforme. Carlitos lloró, y no eran sólo las lágrimas de un reencuentro, era el dolor de una esperanza rota. Porque reunirse con mamá, a la que tanto echábamos de menos, todos juntos en una España en paz, se había convertido en algo imposible.

Papá nos trajo noticias de la familia. Todos gozaban de buena salud. Algunos habían conseguido irse a México antes de que cayera Barcelona, y otros se habían quedado en Valencia. Mamá seguía en Buenos Aires, trabajando en la compañía teatral de Lola Membrives e incluso se preparaba para venir a Madrid con periodicidad. Muchas cosas dependían de la situación internacional.

Al llegar a Moscú, nuestro padre fue sometido a otra operación en su pierna herida. Tras la recuperación, debía partir hacia América Latina. Nos alegramos de verlo lleno de esperanza y tan optimista. Siempre ha sido así. Su llegada nos dio fuerzas; después de todo, la lucha continúa. Los adultos saben de lo que hablan.

Al regresar a Leningrado descubrimos que la escuela había sido reparada y pintada.

Los más jóvenes comenzaron a prepararse para unirse a las filas de los pioneros, lo que incluía el tradicional juramento:

“Yo, joven pionero de la Unión Soviética, juro solemnemente defender la causa de la lucha de la clase obrera…”.

Se les habló de los héroes de la Guerra Civil rusa, de los mariscales Voroshilov y Budenniy, de las hazañas de los héroes Chapaev y Shchors, de todos aquellos que bajo el mando de Lenin y Stalin crearon el Ejército Rojo, expulsaron al zar y a sus partidarios y rechazaron la intervención extranjera.

También hubo héroes de la fase de construcción del socialismo, como Alexei Stakhanov.[9] Nos hablaron de una chica especial de Uzbekistán llamada Mamlakat, que recogía el doble de algodón que los demás. Las fotos de la chica en brazos de Stalin estaban por todas partes.

Pero una historia educativa no nos gustó y nos pareció inaceptable: la historia de Pavlik Morozov. Se trataba de un niño de pueblo que sorprendió a su padre escondiendo trigo a las autoridades. La historia tiene lugar durante los años de la colectivización de las tierras privadas y, a raíz de la denuncia de su hijo, el padre de Pavlik fue detenido. El resto de los campesinos relativamente ricos, los llamados “kulaks”, asesinaron a Pavlik, que se convirtió en un mártir de la fe comunista.

A los españoles nos parecía horrible y repugnante denunciar a tu propio padre.

***

El 23 de agosto, la URSS firmó un pacto de no agresión con Alemania. Después de eso, los periódicos soviéticos dejaron de reprender tan abiertamente al régimen de Hitler como lo habían hecho antes.

El 1 de septiembre estalla la guerra entre Polonia y Alemania. Aquí los periódicos no lo ponen en las portadas o primeras páginas.

El 3 de septiembre a las 11 de la mañana, Inglaterra declaró la guerra a Alemania.

El 3 de septiembre a las 17:00 horas, Francia declaró la guerra a Alemania.

El 8 de septiembre, las tropas alemanas se acercaron a Varsovia. El 28 de septiembre la ciudad se rindió.

Nos quedó claro que la guerra irrumpiría pronto en nuestras vidas.”

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[1] Ilya Ehrenburg. Personas, años, vida. Libro IV.

[2] Homenaje a Cataluña. George Orwell.

[3] Arthur Köstler (1905-1983) fue un escritor, filósofo e investigador de la conciencia estética y religiosa. Nació en Hungría. Obtuvo la nacionalidad inglesa en 1948. Estaba vinculado a Orwell por una amistad personal y artística. Orwell elogió la novela de Köstler “Blinding Darkness” (1940, no traducida al ruso hasta 1988).

[4] Charles (Charlie) Patrick Donnelly (1914 -1937) fue un poeta y activista político irlandés muerto en la batalla del Jarama como miembro de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil Española.

[5] Anna Andréyevna Ajmátova (ruso: Анна Андреевна Ахматова), de soltera Górenko (1889 – 1966), fue una destacada poeta rusa. Junto con Nikolái Gumiliov y Ósip Mandelshtam, fue una de las figuras más representativas de la poesía acmeísta de la Edad de Plata de la literatura rusa.

[6] Nikolái Ostrovski (29 de septiembre de 1904–22 de diciembre de 1936) fue un escritor soviético, adscrito a la corriente del realismo socialista. Su obra más importante es la novela Así se templó el acero, basada en experiencias de su infancia y en sus experiencias durante de la revolución bolchevique.

[7] Marina Ivánovna Tsvetáyeva (ruso: Марина Ивaновна Цветaева) (1892 – 1941) fue una escritora rusa, que destacó como poeta y prosista.

Es una de las poetas más originales del siglo XX. Su obra no fue del gusto de Stalin y del régimen comunista. Su rehabilitación literaria empezó en los años 1960. Su poesía proviene de lo más profundo de su personalidad, de su excentricidad y de su uso muy preciso del idioma.

[8] Devolver al Creador el billete de la entrada. – Las palabras de Iván Karamazov de la novela de Dostoievski Los hermanos Karamazov (Parte II, Libro V, Capítulo “Rebelión”). Al no aceptar la armonía mundial lograda a costa de grandes sufrimientos, Iván dice: “No quiero la armonía, por amor a la humanidad. Y la armonía es demasiado cara, no podemos permitirnos pagar tanto por la entrada. Por lo tanto, me apresuro a devolver mi boleto de entrada… No es que no acepte a Dios, Alyosha, sólo le devuelvo respetuosamente mi entrada”.

[9] En 1935, Stakhanov , con un grupo de mineros, extrajeron 14,5 veces más carbón en un solo turno que la norma habitual. Sin embargo, la propaganda soviética se lo atribuyó todo a Stakhánov.

Carmen

Memoria de Carmen de los Llanos Mas (1924 – 2020)

5. Barcelona. Evacuación a la URSS

CARMEN DE LOS LLANOS: Es mejor no echar raíces donde resides temporalmente.  “¡Adiós, Valencia! ¡Adiós, tía Isabel! " Acabábamos de “acomodarnos” (“calenticos”) en casa de nuestra joven tía y de hacer nuevas amistades, cuando nuestro padre nos mandó a Barcelona. El...

4. 1936, el golpe y la guerra

Carmen de los Llanos: Siempre he tenido buena memoria. En abril de 1931 yo tenía siete años, y recuerdo bien que un vecino, don Julio, gritaba desde la calle: "¡Viva la República!" Alguien trajo un periódico, con una fotografía del rey en el tren; Alfonso XIII se va...

3. La infancia

"El tiempo no es más que el espacio entre nuestros recuerdos." Henri-Frédéric Amiel    CARMEN DE LOS LIANOS: Recuerdo mi infancia como un tiempo feliz. ¿Qué recuerdo? Estoy bordando punto de cruz en el bastidor, la abuela se inclina y lleva el dedo a los...