4. 1936, el golpe y la guerra

Carmen de los Llanos:

Siempre he tenido buena memoria.

En abril de 1931 yo tenía siete años, y recuerdo bien que un vecino, don Julio, gritaba desde la calle: “¡Viva la República!” Alguien trajo un periódico, con una fotografía del rey en el tren; Alfonso XIII se va del país. El tío Manuel, hermano de mi madre, lee el periódico en voz alta: “¿Que si habrá crisis? ¿Qué más crisis quieren ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?”

Nuestro padre estuvo involucrado en la lucha política que antecedió a la guerra. A principios de 1934, él y su hermano participaron en la compra de armas destinadas a los mineros -en huelga- de Asturias. En octubre lideró uno de los cuatro sectores del levantamiento de Madrid, que fue reprimido. La policía vino a nuestra casa, buscaban a mi padre. Se refugió en Francia. El tío Laureano, recién casado, no quería dejar a su esposa, fue arrestado y recluido en la cárcel Modelo. Los domingos íbamos a visitarlo. Un día nos presentó a un hombre alto que estaba a su lado tras las rejas, Francisco Largo Caballero: “estos son los hijos de Virgilio”[1].

Más tarde nos dijeron que papá se había exiliado a Moscú. Desde allí alguien nos trajo pañuelos de pionero como regalo. Las hebillas de metal estaban grabadas con las lenguas de un fuego que ardía en los cinco continentes. Cuando el Frente Popular ganó las elecciones de febrero de 1936, mi padre no fue amnistiado y le aconsejaron que se quedara en la URSS. Esto, en voz baja, nos lo contó un hombre que le había pasado a mi abuela un sobre con cierta cantidad de dinero. Después supimos que era el conductor de Largo Caballero, el líder de los socialistas, quien traía una ayuda del partido.

La tormentosa realidad política de aquellos momentos está viva en mi memoria. Por ejemplo, el vecino don Julio organizó una recaudación de fondos para ayudar a los huérfanos en Asturias. Los vecinos del barrio no eran ricos, pero “Julio el Socialista”, como lo llamaban todos, recaudó una cantidad significativa. Nuestro sacerdote, el padre Nicolás, aportó también algo de dinero, y le dijo a don Julio con cierto reproche: ya podías haber hecho una campaña así para los feligreses de San Lorenzo…

Don Julio se volvió bruscamente hacia él y respondió: “¿Has estado alguna vez en un pueblo minero, Nicolás? ¡Allí, muchos niños no viven más allá de los cinco años! “

Ahora pienso en cómo nos educaban en el sentimiento de solidaridad, a un tiempo, los mandamientos cristianos y la dura realidad.

A veces, los días discurrían como antes, y no lo pasábamos tan mal. Como era hija de actores, a menudo conseguía entradas para el Teatro Cómico. Allí actuaba el célebre dúo de Loreto Prado y Enrique Chicote. ¡Eran tan populares que en enero de 1936 una calle del centro de Madrid recibió su nombre![2]

Iba al cine con mis amigas. Recuerdo películas mudas de Charlie Chaplin -“El circo”, “La quimera del oro”, “Luces de la ciudad”- “La verbena de la Paloma” (1935) y especialmente la comedia musical “Morena Clara” (1936), con la maravillosa actriz Imperio Argentina: logramos verla en el cine Rialto, después de una hora de cola para comprar las entradas …

La ansiedad creció de forma perceptible. La incertidumbre flotaba en el aire, los enfrentamientos y asesinatos de opositores políticos se volvieron frecuentes. Madrid estaba lleno de los rumores más increíbles. La temperatura del país aumentaba. Echaba de menos a mi padre, pues en su presencia nos sentíamos más seguros. El teatro de mamá se preparaba para una gira por América Latina, donde comenzaba la temporada de teatro de invierno. Unos años antes, en Buenos Aires, mi madre conoció a Federico García Lorca. Se lo presentó Lola Membrives, que había interpretado el papel de madre en “Bodas de sangre”. El éxito fue abrumador, la actuación se repitió más de ciento cincuenta veces. Me quedó grabado el nombre de Lorca porque me encantaron sus poemas, me gustaron toda la vida …

… La abuela Concha no estaba bien últimamente. Cada vez nos cuidaba más su hermana Isabel, también viuda. Sus hijas, una bailarina y una actriz, nos visitaban a veces después de las funciones. Para distinguir a esta Isabel de la otra, la hermana menor de nuestra madre, la apodamos “la tía Rubia”. (La hermana de mamá se casó y se mudó a Valencia).

Desde la mudanza a Cuatro Caminos, todo estaba patas arriba.

La abuela Concha murió. No supimos si por enfermedad o por tristeza. La familia atravesaba tiempos difíciles. En esos años, Carlitos enfermaba a menudo, tenía problemas de pulmón. Necesitaba una mejor alimentación, que entonces no se conseguía en ninguna parte. Solo los domingos, ocasionalmente, la tía Elvira nos llevaba a una taberna en la Casa de Campo, donde comíamos cordero asado. En Cuatro Caminos, mis hermanos y yo íbamos a una buena escuela, pero extrañaba a mis amigas. Había llegado el tiempo de las pérdidas. Ahora sé que aquello sólo era el comienzo …

… El 18 de julio de 1936 se produjo un golpe de estado contra el gobierno legítimo de España.

Milicianos armados, defensores de la República, aparecieron en las calles y en las terrazas de los cafés. Subían a los tranvías dirigiéndose a su destino.

Pronto hubo colas para comprar productos. Comenzó el racionamiento. Cada vez se distribuía menos comida. Apareció un mercado negro, donde la mantequilla, los huevos, la leche se vendían a precio astronómico …

La ansiedad se había convertido en el estado de ánimo común.

Se escuchaban disparos en todas las direcciones. No se sabía quién disparaba o quién recibía el disparo. Automóviles y camionetas con hombres armados recorrían las calles. Por la noche, a veces sonaban disparos aislados, a veces ráfagas.

Cayó sobre mis hombros la responsabilidad de que mis hermanos no escaparan de casa para explorar los alrededores. Salían y daban parte después de los cadáveres. O informaban a la familia sobre otra iglesia en llamas …

De repente, nuestro padre apareció en casa con uniforme; y con una pistola enfundada en el cinturón. El 25 de julio había zarpado de Leningrado a Londres, desde donde cruzó a Francia. En España, en la capital catalana, comenzó a trabajar para el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), que por entonces incluía al PSOE. En Barcelona, papá fue nombrado comisario del regimiento destinado a recuperar Mallorca de las manos rebeldes. Fue su bautismo de guerra, aunque la operación terminó en fracaso. Entre nuestros documentos figura una copia de su “Memorándum sobre la operación de desembarco en las Islas Baleares en agosto de 1936”. Se trata de un documento único, tanto por la realidad histórica como por el grado de autocrítica.

“No sé si algún día quedará claro para todos que la retirada de Mallorca fue una de las traiciones en nuestra guerra que más beneficiaron al enemigo. Se puede decir que fue una gran escuela para los traidores, pues se convencieron de que disfrutaban de bastante impunidad y de que un pueblo armado no es tan feroz como lo pintan ¡se le puede engañar!”

Recuerdo que en aquellos años la palabra “traición” resonó más de una vez en mi oído. Y no había nadie para preguntar, mi padre estaba en el frente.

… El día en que el primer avión soltó sus bombas sobre Madrid, comenzó la campaña de intimidación. En aquellos días, no había defensa antiaérea en la capital. Los bombardeos se volvieron diarios. La magnitud de la destrucción y el número de víctimas crecían día a día. La mayoría de las acometidas estuvieron a cargo de los Junkers. Llegaban en grupos de tres aviones, y los madrileños los llamábamos “las tres viudas”. La Legión Cóndor también arrojó bombas incendiarias sobre nosotros; se informó de que los edificios históricos habían sido dañados. En consecuencia, los fondos del Museo del Prado fueron evacuados a Valencia, donde quedaron especialmente protegidos en los sótanos de las torres de Serranos …

En noviembre, los hospitales de San Carlos y Santa Isabel fueron bombardeados, aparecían cadáveres entre los escombros y heridos por ráfagas de ametralladoras. Después de soltar las bombas, los Junkers volvían en vuelo rasante disparando sobre la gente … El 17 de noviembre, el bombardeo duró desde las nueve de la noche hasta las dos de la madrugada. La gente no tuvo tiempo de refugiarse en el metro, las sirenas de bomberos y ambulancias se mezclaban con las alarmas de los ataques aéreos.

Lo extraño era la ausencia de pánico en la ciudad. La gente se comportaba de modo disciplinado. Las mujeres preparaban la comida y cosían ropa para los soldados. Los niños, incluidos mis hermanos, llevaban comida en tranvía hasta las trincheras, a menudo bajo el fuego enemigo.

Un día corrió el rumor de que los moros de la Legión Extranjera habían entrado en la ciudad. En la radio, se pidió a los residentes que prepararan agua hirviendo y la virtieran desde los balcones sobre la cabeza de los enemigos. Todas las familias de nuestra zona empezaron a hervir agua en ollas, y nuestra tía, la mujer más pacífica del mundo, no se hizo a un lado…

La situación en Madrid empeoraba, la familia decidió trasladarnos a Valencia. El gobierno de la República ya tenía la sede allí, aunque nuestro padre, comisario político de la Columna Catalana Libertad, al mando del teniente coronel Rafael López Tienda, siguió defendiendo Madrid. Luchó en uno de los sectores más peligrosos del frente, hombro con hombro con los milicianos del destacamento Durruti, el célebre líder anarquista que trágicamente murió desempeñando su cargo[3].

… Comparada con Madrid, Valencia era un oasis de paz. Aunque los rebeldes disparaban sobre la ciudad desde los buques, aún no la habían bombardeado … Curiosamente, y al margen de la lógica, en mi alma reinaba la paz. La ansiedad se había ido y dejé de preocuparme por mis hermanos. Jugaban al fútbol, los tres ​​volvimos a la escuela. Me encantaba el viaje en tranvía a la playa de Malvarosa, que me atraía como un imán. (Ahora lo sé: era un presentimiento …). Los restaurantes de la primera línea de playa olían deliciosamente a paella tradicional, cocinada al fuego de leña; se vendía pescado fresco, llegado directamente de los barcos. El clima era cálido incluso en invierno y mi hermano dejó de toser. Aunque los médicos dijeron que debería llevar con urgencia un corsé rígido: se le descubrió tuberculosis ósea. No llegó a haber corte en el suministro: Valencia estaba rodeada de granjas y plantío. Era conocida como “la huerta de España”.

La tía Isabel conocía mi amor por la música. En Valencia, en los jardines de Viveros, la orquesta de la ciudad tocaba los domingos. Corrí allí con el permiso de mi tía; las melodías paliaban mi ansiedad.

La noche del 12 de enero de 1937 caen las primeras bombas sobre Valencia. Pero cinco días después, en los Jardines de Viveros, volvía a escucharse música clásica. La noche del 24 de enero, la tía Isabel compró para ella y para mí entradas de La Filarmónica: ¡bajo la dirección del conocido director Bartolomé Pérez Casas, la orquesta interpretó a Rimsky-Korsakov, Dvorak y Wagner! Me prometí a mí misma que, de mayor, trabajaría duro para comprar entradas a esos conciertos. La orquesta destinaba la recaudación a los refugiados del Guernica bombardeado[4] y a la tripulación del barco soviético “Komsomol”[5], que resultó hundido por los franquistas”.

Información adicional:

Los aliados de Franco, Mussolini y Hitler, utilizaron el territorio español como campo de pruebas para las nuevas armas y promovieron los primeros ataques masivos sobre la población civil. En la Comunidad Valenciana, murieron 1.500 personas por ataques aéreos y bombardeos desde los buques. Valencia, donde se sepultó a 825 de sus habitantes, se convirtió en la tercera ciudad de España en número de víctimas de la aviación italiana, después de Barcelona y Madrid.

En octubre de 1937, en tres semanas, el hijo de 19 años del Duce, Bruno Mussolini, arrojó 5.250 kilogramos de bombas sobre las ciudades y pueblos de Valencia. Hasta ahora, los ancianos, que entonces eran niños, se estremecen al recordar las incursiones de la Aviazione Legionaria.

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[1] Francisco Largo Caballero (1869, Madrid – 1946, París) – político-sindicalista español, líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de la Unión General de Trabajadores tras la muerte de su fundador Pablo Iglesias. Durante el período de la Segunda República, se desempeñó como ministro de Trabajo (1931-1933) y fue presidente del gobierno (1936-1937).

[2] A partir del 18 de enero de 1936, la pequeña travesía situada entre las calles de La Ballesta y La Corredera Baja de San Pablo, tuvo por nombre “Calle de Loreto Prado y Enrique Chicote”, aunque fue más conocida como “Loreto y Chicote”, para abreviar.

[3] José Buenaventura Durruti Dumange (14 de julio de 1896 – 20 de noviembre de 1936), figura social y política de referencia en España, desempeñó un papel relevante en el movimiento anarquista antes y durante la guerra civil. Murió en la defensa de Madrid.

[4] El bombardeo de Guernica fue resultado del ataque aéreo de la Legión Cóndor alemana a la ciudad histórica vasca, el 26 de abril de 1937.

[5] El “Komsomol” fue el primer barco soviético en entrar en confrontación con los nazis (Mar Mediterráneo, 14 de diciembre de 1936). En la Guerra Civil Española, consiguió romper el bloqueo e hizo llegar tanques y armas a los republicanos.

Carmen

Memoria de Carmen de los Llanos Mas (1924 – 2020)

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